Description:

Las cartoneras de Guadalajara: edición a contracorriente

El 24 de noviembre inicia la feria del libro en español más importante del mundo. Durante nueve días, la atención se centra en la FIL de Guadalajara, que el año pasado convocó a más de 800 mil personas, 2 mil editoriales y donde fueron presentados más de 600 libros.

Pero en la capital de Jalisco hay esfuerzos editoriales que se sitúan fuera de esa lógica, sin masas, grandes figuras, ni cuantiosos presupuestos. Son las cartoneras, que, impulsadas por esfuerzos grupales y camaradería, resultan una alternativa a los soportes y formas de edición convencionales.

Por Adrián Carrera Ahumada

La tapa de un libro de este tipo es de cartón, de preferencia, reutilizado. Ese es un elemento particular. El otro, quizá más importante, es sus forma de trabajo ligada a la autogestión y, en palabras del editor Marco Antonio Gabriel, el «hágalo usted mismo».

Miembros del gremio cartonero entrevistados coincidieron en que La Eloisa Cartonera, surgida el 2003 en Argentina, es la primera editorial de este tipo. Aunque el editor cartonero Sergio Fong considera que hay antecedentes que datan de los años 80, como las editoriales cubanas El vigía y El mendrugo.

Actualmente el cartonero es un movimiento vivo en varios países, principalmente latinoamericanos, como Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y, por supuesto, México. Es un fenómeno que ha sido estudiado por académicos como los británicos Lucy Bell y Patrick O’ Hare, de la University of Surrey, y Alex Ungprateeb Flyym, de la Durham University, quienes gestionaron un encuentro de cartoneros que se realizó el siete y ocho de noviembre en Sao Paulo, Brasil.

Por su parte, Paloma Celis, de la Universidad de Wisconsin, está a cargo de una biblioteca de aproximadamente 2 mil ejemplares cartoneros.

Guadalajara, ciudad «cartonera»

En la segunda ciudad más grande del país hay al menos ocho cartoneras, casi todas enfocadas en textos literarios: El Pato con Canclas, El Viaje —colección Viejo Cartonero—, Varrio Xino, Ediciones Sediciones, Viento Cartonero, La Fraternidad de la Fragata Negra, Bengala (re)ediciones cartoneras y La Rueda Cartonera.

Esta última es, si no la precursora, al menos sí una de las primeras editoriales cartoneras en Guadalajara. Fundada por Sergio Fong, Lorena Becker y Fernando Zaragoza en 2009, ha servido como espacio formativo para otros editores que luego fundaron sus propias cartoneras, como Jorge Daniel «Ene», que ahora dirige Ediciones Sediciones; Israel Soberanes, de Viento Cartonero; o Marco Antonio Gabriel, de Ediciones El Viaje.

Desde su adolescencia, Fong tuvo interés por la literatura, comenzó a escribir y experimentó con la autopublicación: «soy cartonero porque no tengo de otra: es la manera más fácil de hacer un libro, los costos son bajos, además es una manera interesante de hacer libros: es artesanal y genera comunidad. Lo haces entre cuates, parte de un sentido social».

Sergio —también dueño de la librería La Rueda— considera que el objeto final, el libro cartonero, no es el fin último, sino un medio: «Las cartoneras son vehículos de promoción y difusión de otras literaturas. Queremos entender el texto como un patrimonio cultural universal que debe ser promovido: somos promotores. No hacemos libros para embodegarlos, sino para que salgan a flote».

Israel Soberanes, oriundo de Ecatepec avecindado en Guadalajara, considera que este tipo de ediciones son «una alternativa al aparato de la industria editorial enfocados principalmente al comercio y el consumo. Incluso también es una forma ecológica, por el uso de cartón de segunda mano». Este editor no ve al resto de cartoneros como colegas, no competencia.

En ello coincide el hidalguense Jorge Daniel, mejor conocido como «Ene». Si bien su editorial es nueva y ha publicado tres títulos, uno de ellos cartonero, ve con buenos ojos que haya otros como él, quien, por cierto, aprendió a hacer libros editando cartoneros.

«La cartonera es como una postura que uno toma. Mientras más editoriales haya es mejor, haces más mercado y más lectores y hay más miradas de lo que está pasando».

Debido a la comisión que cobran en las librerías —a decir los entrevistados, entre 40 y 60 por ciento; mientras más grande la librería, más alto el porcentaje— la distribución de libros es un reto para las editoriales pequeñas. 

Ante esta situación, el tapatío Marco Antonio Gabriel, ha encontrado en internet una herramienta útil para vender. Su editorial, El Viaje, cuenta con una colección cartonera llamada El Viaje Cartonero, que publica aproximadamente 12 títulos al año, con tandas de 150 ejemplares, según la demanda. El precio oscila entre 80 y 120 pesos.

Marco lleva 13 años con su editorial y siete con su colección cartonera. Aunque en una primera etapa tenía que generar ingresos desde otras fuentes, asegura que ya se dedica de tiempo completo a ello, que le provee sustento.

La edición como medio para lo político

Si bien las formas de edición cartonera ya tienen un claro componente político, al desafiar algunas dinámicas de mercado, hay otros esfuerzos cuyos textos tienen un corte expresamente crítico y político. Es el caso de Pensaré Cartonera, un editorial y colectivo cuyos integrantes están dispersos en Valencia, España, Ciudad de México y San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Dicho proyecto inspiró al colectivo Cuerpos Parlantes, un espacio feminista y de investigación urbana que de hace poco más de un año ha editado lo que denominan «materiales para la acción colectiva» en formatos de folletines, además de (re)ediciones la Bengala cartonera. Más recientemente, han lanzado un folletín mensual llamado Rita Líneas para la paranoia.

Integrantes del colectivo explican que estas publicaciones persiguen dos objetivos: contribuir a la circulación de ideas feministas, antiracistas, anticoloniales, antipatriarcales, y ayudar al sostenimiento financiero del espacio, incluyendo su proyecto de librería, llamado «La Libre».

Las alternativas a la FIL

Antes de que inicie la FIL ya habrán arrancado dos festivales alternativos que se realizan en paralelo a la colosal feria. Se trata del festival cultural llamado La Otra Fil —exposición y venta de libros, mesas redondas, recitales, música, pintura— y La Francachela Cartonera —con talleres, presentaciones de libros y un jam de poesía—.

Este año, La Otra FIL está dedicada a apoyar la lucha de Temacapulín y la erradicación de la violencia hacia las mujeres, gesto que parece improbable por parte de la FIL. Hay más información disponible en su página de Facebook. Mientras que el programa de La Francachela Cartonera puede consultarse en este enlace. Ambos comienzan hoy.

Read online

Go to Events to be updated of all the activities About the Project